No dejes de ingerir Sal, pero consúmela con moderación


Por  El Angelopolita

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El Cloruro de Sodio es esencial para la vida humana. Mantiene el balance de líquidos en el organismo; y hace que circulen la sangre y los fluidos extracelulares. Además es básica para sostener funciones primarias como respirar o digerir. 

Cada uno de nosotros porta aproximadamente un cuarto de kilo de Sal en el organismo. Su ausencia produce apatía, debilidad, desvanecimiento, anorexia, baja presión arterial, colapso circulatorio, shock e incluso la muerte.

La dosis recomendada por los especialistas es de 2.3 gramos diarios. A quienes padecen hipertensión, diabetes, tienen deficiencias renales o exceden los 50 años, no se les recomienda ingerir más de 1.5 gramos por jornada. Sólo en casos de extrema deshidratación se aconseja llegar a los 5 gramos, y no más. 

Sin embargo, ocurre que la mayor parte de lo que comemos quienes vivimos en las ciudades, posee grandes cantidades de Sal. Muchos de los alimentos preparados en la calle y la mayor parte de los alimentos industrializados poseen tales cantidades de Cloruro de Sodio, que fácilmente nos hacen exceder las dosis aconsejadas. 

Y es muy lógico, ya que la Sal modifica nuestro comportamiento frente a los alimentos: produce apetito y estimula la ingesta. Por eso debemos ser cuidadosos con el salero, porque exceder los niveles de NaCl –todo el mundo conoce la fórmula de la Sal- produce una inimaginable cantidad de eventos que repercuten dañinamente en la salud.

Como ya se había dicho, el Cloruro de Sodio ayuda a regular la cantidad de agua que hay en el cuerpo humano. Consumir de más produce sobre-hidratación, y entonces el organismo pone a trabajar a los riñones muy por encima de lo normal para deshacerse del agua excedente. El exceso de líquidos aumenta también el volumen de la sangre en el cuerpo, por lo que el corazón debe bombear con mayor potencia para mantenerla en circulación. Todo ello contribuye a detonar la hipertensión.

Un estudio reciente revisó con lupa muchas de las investigaciones que se han realizado –desde los años sesenta- para vincular el consumo de la Sal con la hipertensión. En sus conclusiones, el grupo de especialistas remarcó que en todos esos trabajos, no existe una evidencia sólida para admitir definitivamente tal relación. Y esto no quiere decir que ahora sí podremos espolvorear el NaCl sin recato. No. Implica que es hora de hacer nuevas y muy profundas indagaciones en el tema.

Por lo pronto, no prescindamos del salero. También debemos cuidarnos de los excesos. Cualquiera se asustaría, al enterarse lo mucho que esta generación de seres humanos sobrepasa el consumo cada día, y casi siempre sin darse cuenta. La carne tiene sal –de forma natural- entre sus fibras, y hay tazones de cereal –industrializado, por supuesto- que contienen más sal que un vaso de agua de mar. Y no es tan complicado detectarlo: el sabor no engaña. Hay que buscar el balance. Cero excesos, y estaremos del otro lado. (@ElAngelopolita)

PUBLICADO: a las 15:50 del 07 de Junio de 2014
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